Liderazgo
El líder que el momento necesita

No existe una única forma correcta de liderar. El reto es reconocer qué necesita el equipo en cada momento y ajustar nuestra intervención sin abandonar nuestros principios.
No creo que exista una única forma correcta de liderar. Una persona puede ser cercana, exigente, directiva, participativa o asumir el papel de mentor. El verdadero reto consiste en reconocer qué necesita el equipo en cada momento y ajustar nuestra intervención sin abandonar nuestros principios.
Esta reflexión parte de situaciones que vivimos habitualmente en equipos de tecnología: incidentes críticos, proyectos bajo presión, procesos de transformación, personas que están aprendiendo y profesionales que ya pueden trabajar con mayor autonomía. Cada escenario exige una respuesta diferente.
Cuando existe una emergencia
Ante una situación crítica, el equipo necesita claridad. El líder debe ordenar prioridades, facilitar decisiones, asignar responsabilidades y comunicar exactamente qué se espera de cada persona. Cuando un servicio está detenido, existe un riesgo importante o el tiempo juega en contra, una conducción más firme y directiva puede ser necesaria.
Durante una emergencia, la precisión ayuda más que un discurso extenso. Sin embargo, dirigir con firmeza no significa levantar la voz, desautorizar al equipo o cerrar espacios para advertir riesgos. Incluso bajo presión, las personas deben poder comunicar un error o cuestionar una decisión cuando cuentan con información relevante.
- ¿Qué debemos proteger primero?
- ¿Quién toma cada decisión?
- ¿Qué información necesitamos?
- ¿Cuándo revisaremos nuevamente la situación?
- ¿Qué debemos comunicar a las personas afectadas?
El problema de vivir permanentemente en modo crisis
Un estilo útil durante un incidente puede ser perjudicial cuando se convierte en la manera habitual de dirigir. Si todo es urgente, nada es realmente prioritario. El equipo empieza a trabajar en reacción constante, evita tomar decisiones y espera instrucciones incluso cuando posee la capacidad necesaria para actuar.
Además, una comunicación permanentemente dura puede generar desgaste, temor a equivocarse y dependencia del líder. Por eso, una responsabilidad importante consiste en reconocer cuándo la emergencia terminó y modificar conscientemente la forma de intervenir.
La experiencia coincide con la investigación
Esta conclusión no se sustenta únicamente en la experiencia personal. En Leadership That Gets Results, Daniel Goleman presenta seis estilos de liderazgo y plantea que los líderes más efectivos no dependen de uno solo: desarrollan varios y los utilizan de acuerdo con la situación.
El liderazgo situacional desarrollado por Paul Hersey y Kenneth Blanchard añade otra consideración: el nivel de dirección y acompañamiento debe adaptarse a la preparación de la persona frente a una tarea específica. Un profesional puede ser autónomo en un proceso y necesitar apoyo cercano en otro que recién comienza a dominar.
Cuatro contextos y cuatro formas de intervenir
En una emergencia, dirijo: reduzco la ambigüedad, priorizo, decido y comunico. Una vez estabilizada la situación, abro un espacio para revisar lo ocurrido y aprender sin buscar culpables.
Frente al cambio, oriento: doy contexto, explico el resultado esperado, alineo responsabilidades y escucho las inquietudes del equipo.
Durante el aprendizaje, acompaño: pregunto, observo, doy feedback y permito que la persona practique dentro de un nivel de riesgo controlado.
Con un equipo preparado, delego: acuerdo resultados, límites, mecanismos de seguimiento y criterios para escalar una situación. La autonomía funciona cuando existen claridad y confianza.
Seguridad psicológica no significa ausencia de exigencia
Amy Edmondson define la seguridad psicológica como la posibilidad de asumir riesgos interpersonales dentro del equipo: preguntar, reconocer un error, plantear una preocupación o expresar un desacuerdo sin temor a una represalia personal.
Esto no elimina la exigencia ni la responsabilidad por los resultados. Un equipo puede tener estándares elevados y, al mismo tiempo, contar con un entorno donde sea posible advertir problemas. El líder debe sostener ambas condiciones: confianza para hablar y responsabilidad para actuar.
Cómo escoger el estilo
Antes de intervenir, procuro evaluar cuatro variables:
- Urgencia: ¿cuánto tiempo existe para decidir?
- Riesgo: ¿qué consecuencias tendría una decisión incorrecta?
- Capacidad: ¿el equipo posee la experiencia necesaria?
- Estado del equipo: ¿necesita dirección, contexto, acompañamiento o autonomía?
Una práctica para aplicar con el equipo
Después de una situación exigente, puede realizarse una conversación breve alrededor de cuatro preguntas:
- ¿Qué necesitaba el equipo de mí en ese momento?
- ¿Mi intervención proporcionó claridad o aumentó la tensión?
- ¿Qué decisiones podría haber delegado?
- ¿Qué debemos documentar o practicar para responder con mayor autonomía la próxima vez?
Conclusión
Un líder no pierde coherencia por adaptar su manera de actuar. La coherencia está en mantener los mismos principios —respeto, responsabilidad, claridad y cuidado por el equipo— aunque cambie la forma de intervenir.
La firmeza puede ser necesaria, pero no debe convertirse en maltrato. La cercanía fortalece la confianza, pero no elimina la responsabilidad por los resultados.
Liderar consiste en comprender el contexto y ofrecer al equipo aquello que necesita para responder, aprender y avanzar con mayor autonomía.
Referencias y lecturas recomendadas
Daniel Goleman (2000). Leadership That Gets Results ↗. Harvard Business Review.
Presenta seis estilos de liderazgo y explica por qué su efectividad depende de la situación.
Paul Hersey, Kenneth H. Blanchard y Dewey E. Johnson (2012). Management of Organizational Behavior ↗. Pearson.
Desarrolla el liderazgo situacional y la adaptación del estilo a la preparación de las personas.
Amy C. Edmondson (2002). Managing the Risk of Learning: Psychological Safety in Work Teams ↗. Harvard Business School.
Examina la relación entre seguridad psicológica, aprendizaje y comportamiento de los equipos.
